
¿Qué lleva a una persona a mantener durante años un medicamento que está recomendado solo para tratamientos de corta duración? Esa fue una de las preguntas que abordó la Dra. Ivanna Bressan durante su participación en el XXVII Congreso Chileno de Medicina Familiar, realizado en Concepción, donde presentó el trabajo “Aspectos del paciente que inciden en el uso prolongado de benzodiacepinas para el tratamiento del insomnio”. Este fármaco se utiliza para tratar la ansiedad, las crisis de pánico, las crisis convulsivas, entre otros usos.
Residente de tercer año de Medicina Familiar de la Universidad Diego Portales, la Dra. Bressan expuso los resultados de una investigación cualitativa desarrollada durante aproximadamente dos años junto a las doctoras Elmar Rojas y Gleidy Dávila. A través de entrevistas a pacientes, el estudio buscó comprender qué factores sostienen en el tiempo el consumo de estos medicamentos, incorporando dimensiones que van más allá de sus efectos farmacológicos.
“El ser humano no es solo lo biomédico. Hay aspectos psicosociales que intervienen en este uso prolongado y una de las grandes herramientas de la Medicina Familiar es justamente poder profundizar en esos aspectos más personales”, explicó.
Uno de los puntos que destacó fue la distancia existente entre las recomendaciones clínicas y lo que ocurre en la práctica. Según señaló, las benzodiacepinas no están recomendadas como tratamiento sostenido para el insomnio y su utilización debiera limitarse a periodos breves. Sin embargo, en la investigación encontraron participantes que llevaban hasta 20 años utilizándolas.
Pacientes que toman decisiones sobre sus tratamientos
Entre los hallazgos aparecieron prácticas de automedicación y distintas formas de autogestión del tratamiento. Para Bressan, estos resultados ayudan a cuestionar la idea de que las personas cumplen de manera pasiva las indicaciones entregadas en una consulta. “Los pacientes no son receptores pasivos de nuestras indicaciones. Gestionan su tratamiento, ajustan y organizan de acuerdo con su contexto”, sostuvo.
Esta perspectiva, explicó, refuerza la importancia de conocer la experiencia, las creencias y las circunstancias particulares que rodean a cada paciente. En ese ámbito, la Medicina Familiar dispone de herramientas especialmente relevantes, como la atención integral y la longitudinalidad, que es precisamente la relación que se va tejiendo entre el médico y sus pacientes a lo largo del tiempo.
El desafío adquiere particular importancia frente al insomnio, un problema frecuente en Atención Primaria. La Dra. Bressan recordó que la terapia cognitivo-conductual específica para insomnio constituye una de las principales recomendaciones para su tratamiento, pero advirtió que existe una brecha en el acceso a profesionales capacitados para realizarla.
Ante esa realidad, planteó que los médicos y médicas de familia deben buscar alternativas que incorporen los aspectos psicosociales de las personas y aprovechar el vínculo construido por años de atención. “Tenemos que ser creativos para ver cómo podemos abordar esto, incluyendo estos aspectos más psicosociales de nuestros pacientes”, afirmó.
El Congreso como espacio de encuentro
La presentación tuvo además un significado especial para Bressan, quien se encuentra en la etapa final de su residencia. La investigación presentada fue el resultado de cerca de dos años de trabajo mediante teoría fundamentada, una metodología cualitativa que, destacó, exige un proceso sistemático y riguroso de análisis. “Lo que vieron en 10 minutos es el resultado de un trabajo de aproximadamente dos años”, señaló, destacando especialmente el aprendizaje obtenido a partir de las entrevistas realizadas.
Para la residente, el Congreso Chileno de Medicina Familiar también permitió visibilizar la diversidad de experiencias que se desarrollan en distintos territorios y niveles de atención. “Somos muchos, pero estamos dispersos en el territorio. Esta es una ocasión para encontrarnos, conocernos y saber qué están haciendo nuestros colegas en sus espacios”, expresó.
A su juicio, esa posibilidad de intercambio constituye uno de los principales valores de estos encuentros, porque permite compartir no solo conocimiento académico, sino también las experiencias construidas cotidianamente por médicos y médicas de familia en distintos contextos del país.
Por Juan Paulo Roldán
Comunicaciones SOCHIMEF




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