Sociedad Chilena de Medicina Familiar

Dr. Alexander Recabarren: “Cuidar a las familias es cuidar también a los niños”

Por Bárbara Morales M.

Una de las primeras medidas que se tomaron cuando comenzó la pandemia fue cerrar los establecimientos educacionales. La orden no estuvo exenta de polémicas, sin embargo, con la información que se tenía en ese momento, fue la acción más acertada para que las familias pudieran responder al llamado del “quédate en casa” y evitar el contagio y propagación del Covid-19.

Sin embargo, casi seis meses han pasado y las consecuencias en la salud mental de los niños, niñas y adolescentes aún son una incógnita. Como se trata de una situación con características nuevas muchos especialistas aún no se aventuran a confirmar si Cominrestricciones tendrán efectos a largo plazo.

En este sentido, un estudio publicado en la revista Disaster Medicine and Public Health Preparedness[1] sobre el impacto del aislamiento en pandemias previas o grandes catástrofes arrojan que “hay cuatro veces más estrés postraumático en niños en cuarentena que en niños que no han estado en esta situación”.

Para el Dr. Alexander Recabarren, médico de familia y Coordinador del Comité de Niñas, Niños y Adolescentes de la Sociedad Chilena de Medicina Familiar, SOCHIMEF, “hemos visto, entre los colegas, que parte importante de las consultas que estamos recibiendo han sido de salud mental, tanto de pacientes que ya estaban en control – y que han presentado descompensaciones significativas – como de pacientes nuevos con importante sintomatología ansiosa y de ánimo bajo, algo que nos tiene sumamente preocupados. Si hasta antes de la pandemia la salud mental de las niñas, niños y adolescentes debía ser una prioridad, ahora es algo realmente urgente de abordar.”

Incluso yendo más allá, el profesor Chris Whitty – epidemiólogo y Director Médico del Reino Unido- en una entrevista a la BBC dijo que para los niños, no asistir a la escuela es peor que el mismo Covid-19. “Las posibilidades de que los niños mueran a causa del Covid-19 son increíblemente pequeñas. Las probabilidades de que muchos niños se vean muy afectados por no ir a la escuela es increíblemente clara. Por lo tanto, la balanza de riesgos está fuertemente a favor de que los niños vuelvan a clases.”

El Dr. Recabarren agrega: “la suspensión de las clases nos ha demostrado la importancia de estos espacios como ambientes de socialización, y por cierto, las consecuencias de esta decisión se han ido manifestando al interior de los hogares. Para aminorar aquello, es muy importante que los niños puedan mantener contacto con sus compañeros, y también con sus familiares más significativos, aprovechar el recurso de videollamadas y dar flexibilidad en el espacio del hogar para el juego, integrando a los adultos en éste, así como dar espacio a no exigir al 100% el cumplimiento curricular.”

Sin embargo, son muchos los hogares – en todo el mundo – que han visto reducidos sus ingresos o  que han tenido que reconvertir la forma de trabajo presencial hacia el teletrabajo, con horarios extendidos que hacen muy difícil seguir las recomendaciones que plantean de jugar con los más pequeños o cumplir con las exigencias escolares y conversar en profundidad con los mayores.

“Entregar apoyo a las familias que lo requieran para cubrir sus necesidades básicas y acompañarlas en este difícil momento, les entrega un soporte seguro para que los adultos puedan atender otras preocupaciones, como el cuidado y crianza de los más pequeños: cuidar a las familias es cuidar también a los niños”, aseveró el Dr. Recabarren.

Cuando se plantea que debemos procurar no perder contacto con nuestros seres queridos, los adultos podemos recurrir a la conversación vía telefónica o videollamadas. Sin embargo, para la etapa de la infancia la forma de relación por excelencia es el juego, por lo tanto sentarlos frente a una pantalla para mantener el contacto con las personas fuera del núcleo familiar no lo convierte en una actividad satisfactoria. Incluso, hace que sigamos poniendo nuestra mirada adultocéntrica por sobre las necesidades de los más pequeños.

Para superar esta dificultad primero tenemos que entender que el juego es más que sólo diversión. Para los niños y niñas, el juego es la forma natural en la que ellos aprenden, se comunican, y procesan sus experiencias vitales. A través de roles, representan o simbolizan lo que van viviendo en su cotidianidad y eso los ayuda a procesar las incertidumbres que conlleva el confinamiento y el cierre de los establecimientos educacionales.

Por lo tanto se podría recomendar a quienes estén a cargo de niñas y niños que preparen con antelación estas videollamadas con juguetes, cuentos o disfraces a mano para facilitar el “juego” con el otro. De esta manera se intenta que virtualmente los menores puedan mantener el contacto, pero utilizando sus propios códigos, dentro de lo que permite la tecnología.

El Dr. Recabarren finaliza: “El juego, además de ser una actividad fundamental para el desarrollo apropiado y armónico de los niños, es su manera de vincularse con las personas y el entorno que le rodea, y esto es así desde las edades más tempranas. A medida que van creciendo, también cobran relevancia en su desarrollo las relaciones que establecen con los otros, sean estos sus padres, hermanos, familiares más cercanos y posteriormente sus compañeros del ambiente escolar, y para el establecimiento de estas relaciones, el juego es la mejor estrategia.”

[1] https://www.cambridge.org/core/journals/disaster-medicine-and-public-health-preparedness/article/posttraumatic-stress-disorder-in-parents-and-youth-after-healthrelated-disasters/4F3E4300F74CEEAFA8EE95E490944888#

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